Entre estruendosos susurros

y tensas banalidades,

entre dulces momentos amargos

y una rueda de verdades

el herrero de la vida, una amistad forjó

el herrero de la vida, le entregó caricias y amor.

Orgulloso de su obra el orfebre la dotó

de un inmenso poder que la corrompió.

Presa de la libertad la obra quebró

y lo guijaros que desprendía

entre ambos causaban heridas.

El herrero, inmutable desde la lejanía

vió su obra desquebrajar,sin tan siquiera pestañear.

Pero esa rueda ensengrentada que tanto había sufrido,

esos amargos recuerdos de dulces momentos,

esos gritos callados, esos silencios

su obra volvieron a forjar

y el orfebre, orgullo grito: “ahora, ahora es amistad”.

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